Antes de ser pastor, eres hijo: claves de un liderazgo sano | Juan Cáceres y Steve Cordon
Toda organización crece o se destruye por su liderazgo. Y el liderazgo depende, sobre todo, de algo de lo que durante años casi no se habló en la iglesia: un corazón sano. De eso conversé con mi amigo Juan Cáceres, pastor puertorriqueño, esposo, papá y exinfante de Marina, sobre lo que ha aprendido liderando una iglesia que Dios ha hecho crecer de forma sobrenatural.
Estas son las ideas que construimos juntos: su experiencia pastoral, la mía liderando, y lo que fuimos descubriendo al conversar.
1. Tres áreas que todo líder debe cuidar
Para Juan, el liderazgo pastoral se juega en tres áreas: las relaciones, porque el liderazgo tiene que ver con personas; alimentar a otros con la Palabra de forma constante; y liderar, que es tomar decisiones y formar a otros para que también lideren. Pero ninguna funciona si el líder no está emocionalmente sano.
2. La salud emocional no es un tabú
He visto a personas que buscaban a Dios con sinceridad, pero estaban emocionalmente frágiles, y eso las llevó a decisiones que acabaron con un matrimonio o con una iglesia. Muchos creen que en el ministerio solo hay que aprender más de la Palabra. Eso es lo más importante, pero hay otras áreas que te dan una plataforma segura para liderar y crecer.
3. Carisma o carácter
Las cosas sanas crecen. En el liderazgo solemos fijarnos en el carisma: cómo habla alguien, cómo se proyecta. Pero el carácter se define por el dominio propio sobre nuestras emociones. Las emociones no son malas, pero si no trabajamos lo que sentimos, el corazón se daña, y un corazón herido termina hiriendo a otros. Por eso la Palabra nos manda a guardar el corazón por encima de todo.
4. No eres Dios
Al inicio de su iglesia llegó una madre soltera con cuatro hijos a punto de perderlo todo. La iglesia no tenía recursos y Juan pasó la noche sin dormir pensando qué hacer. La invitó a una vigilia, y esa noche un visitante que no sabía nada sintió de parte de Dios ayudar a alguien. Era ella.
Juan lo resume así: "Yo represento al pueblo delante de Dios, no a Dios delante del pueblo". Muchos líderes cargamos los problemas de todos como si fuéramos la respuesta. La primera respuesta es buscar a Dios.
5. Si Dios habló, ten paciencia
La iglesia de Juan pasó de un local pequeño a un edificio diez veces más grande que llevaba años abandonado. Durante dos años les dijeron que no, que había otros planes y ofertas millonarias. Ellos no tenían dinero, solo una palabra de Dios. Hoy están ahí.
De esa historia saco dos cosas. Primero, que Dios muchas veces nos muestra algo no porque vaya a pasar mañana, sino para sostenernos cuando lleguen la duda y la oposición. Segundo, que confiar no es quedarse de brazos cruzados: si Dios te dijo por aquí, camina en esa dirección y haz tu parte. Lo demás le corresponde a Él.
6. La obra en ti, antes que la obra para Él
Uno de los consejos más fuertes de Juan: para Dios es más importante la obra que está haciendo en tu vida que la obra que tú estás haciendo para Él. Si no estamos bien, la obra va a terminar mal.
7. Antes de ser pastor, eres hijo
Muchos pastores se sienten solos, agotados y con ganas de renunciar. Juan cree que una raíz es la identidad. Recuerda al hermano mayor del hijo pródigo: vivía en la casa, pero se olvidó de que era hijo y solo veía el trabajo que hacía. "Yo te he servido y nunca me hiciste una fiesta."
Tu ministerio no nace de un título o de una congregación, sino de tu relación con Dios como hijo. Y antes de ser pastor también eres esposo, padre y amigo. Te puedes retirar de un trabajo, pero no del llamado.
8. Cuidado con la amargura
Juan contó con mucha honestidad el día que vio que a otro le dieron un templo de millones mientras él esperaba una suma pequeña para remodelar. Se quejó con Dios. Leyendo el Salmo 73, donde Asaf se amarga al ver prosperar a otros, entendió que su corazón era la barrera. Se arrepintió, y con el tiempo vio la provisión de Dios, de otra manera y más allá de lo que esperaba.
9. No todo lo que haces "por fe" lo mandó Dios
Juan resume la vida del líder en tres verbos: escucha, cree y obedece. Yo agrego una advertencia: muchas veces nos metemos en cosas "por fe" que Dios no nos mandó a hacer. Cuando tienes una palabra de Dios, confirmada por quienes te rinden cuentas y por el Espíritu Santo, dale con todo. Si no, cuidado: Dios te va a sacar por amor, pero probablemente con unas cuantas lecciones difíciles.
Esta conversación se grabó para Daystar Español. Mírala completa en mi canal de YouTube.
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