No lideres solo: 6 claves para formar equipos sanos | Paul Lewis y Steve Cordon
Paul Lewis pastorea una iglesia multicultural en el área de Dallas. Lo conozco desde hace años y siempre me impresiona el equipo que ha formado. Cuando nos sentamos a conversar quise preguntarle justo eso: cómo se construye un equipo que crece sin que todo dependa del pastor.
De esa conversación salieron seis ideas que fuimos desarrollando juntos, desde su experiencia como pastor y la mía liderando equipos en la iglesia y en las empresas. Aplican para la iglesia, pero también para cualquier negocio u organización.
1. Reconoce la tentación de hacerlo todo tú
Paul lo dijo sin rodeos: nuestra tentación como líderes es hacer ministerio solos. El pastor predica, abre la iglesia, la cierra, hace los funerales y las quinceañeras. Nos sentimos superhéroes, y a veces la raíz es el ego.
El problema es que eso intimida a quienes quieren servir. Decimos que nadie lo hace como nosotros, pero nadie tiene experiencia porque nunca le dimos la oportunidad. Su consejo es sencillo: deja de hacer ministerio solo.
2. Nunca vayas al hospital solo
Paul usa un método de tres pasos que cualquier líder puede aplicar:
- Observa. La primera vez, llevas a alguien contigo. No habla; solo mira cómo lo haces.
- Juntos. La segunda vez, mitad y mitad: tú saludas, la otra persona ora.
- Tú lo haces, yo te observo. La tercera vez lo hace la otra persona y tú le das retroalimentación.
Después de cada visita, conversen en el camino de regreso. Y luego esa persona hace lo mismo con alguien más. En uno o dos años tienes un equipo que se multiplica. El momento de preparar al siguiente predicador es cuando el líder está sano, no cuando ya hay una emergencia.
3. Delegar es entregar autoridad
Veo mucha inseguridad en los líderes a la hora de soltar: miedo a que les quiten el lugar o a que les dividan la iglesia. Por eso algunos no delegan; solo mandan. Cuando das una responsabilidad, también tienes que dar la autoridad para ejercerla. En los negocios lo entendemos rápido: si te rodeas de gente mejor que tú, tu organización crece y tú creces con ella.
Paul fue más lejos: no es tu púlpito ni tu iglesia; es de Cristo. Nuestro valor no viene de qué tan bien predicamos, sino de ser hijos amados de Dios. Y si no les das espacio a los que tienen un don, volarán a otra iglesia. Si los formas, les pasas el talento, la experiencia y también la cultura.
4. Primero el carácter; el talento se entrena
Paul busca personas con un corazón moldeable que ya tengan el ADN de la cultura. El talento se puede desarrollar en seis meses o un año si eres intencional. La humildad, en cambio, no se enseña fácilmente.
Eso no significa conformarse. Como dijo él: cuando alguien dirige la alabanza, no estamos escuchando su corazón, estamos escuchando su voz. Se pueden tener las dos cosas si te tomas en serio formar a tu gente.
5. Corrige con verdad y con amor
Si pasan semanas sin que hables de un problema, estás creando algo tóxico. No solo esa persona deja de crecer: todo el equipo concluye que no pasa nada, y bajas el nivel de todos.
La recomendación de Paul: hablarlo en las siguientes 24 a 48 horas, en persona y con tiempo, no en el pasillo. Y vivir en la tensión entre la verdad y el amor. Hay líderes que dicen mucha verdad y lastiman; otros son puro amor y nunca confrontan. Su frase me quedó grabada: hay personas que pasan años sin que nadie las ame lo suficiente como para decirles la verdad.
6. Descansa y pon tu vida en orden
Si todo tiene que pasar por el pastor, delegaste mal. Paul cuida un día de descanso cada semana: no contesta correos ni llamadas. Como él dice, son diez mandamientos, no diez sugerencias.
El orden es Dios, tu esposa, tus hijos y luego el ministerio. Y no vale poner a Dios y "a un ladito" la iglesia. Su pregunta es fuerte: imagina tu última predicación. ¿Quién está sentado en la primera fila? Si no están tu esposa y tus hijos, algo se desordenó. Dios no bendice el desorden; cuando ordenas tus prioridades, tu ministerio recibe el fruto.
Un ancla para los días difíciles
Al final, Paul cambió los papeles y me preguntó a mí qué verdad me ha ayudado a recobrar el ánimo cuando las cosas pintan mal. Mi respuesta: una promesa de Dios. Muchas veces Dios no habla para lo que pasará mañana, sino para sostenernos cuando lleguen los golpes. Paul lo completó con Pablo en el barco: sabía que no iba a morir porque tenía una promesa pendiente. Esas promesas son anclas.
Esta conversación se grabó para Daystar Español. Mírala completa en mi canal de YouTube.
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